lunes, 13 de junio de 2011

El zombie y el enterrador


Desde el 22 de mayo tenemos un gobierno en interinidad que intenta, como si fuera un zombie, tratar de llegar al final de la legislatura. Su misión está clara, aprobar el decreto de la reforma de los convenios colectivos tras el fracaso de la negociación entre patronal y sindicatos y la reforma de las cajas. Una vez pasado este trámite, el cadáver podrá volver a su fosa y convocar elecciones. ¿Habrá adelanto electoral? Desde luego al PSOE le interesa alargar lo máximo posible la legislatura para ver si la economía logra recuperarse algo y mejorar las expectativas de una derrota digna de Rubalcaba. Pero el gobierno hace cuatro años que perdió la iniciativa política (al menos desde el fin del trieno “progresista” de 2004 a 2007) y sólo podrá mantenerse bajo dos condiciones. Primera, que disponga del apoyo parlamentario del PNV, lo que dependerá mucho de los pactos que se hagan en los municipios vascos y del tema de Bildu. Y segunda, que no haya un nuevo ataque especulativo a España tan fuerte que obligue a hacer nuevos recortes como los de mayo, lo que dejaría a los socialistas solos ante el peligro, no pasarían los decretos y tendrían que convocar elecciones.
El Partido Popular está sentado plácidamente viendo como el gobierno se aísla cada vez más. Tras hacerse con casi todas las autonomías y capitales de provincia han acumulado el suficiente capital electoral como para hacer de las Generales un paseo militar. Pero todas estas victorias son menos importantes que una muy en particular: la del eje catalán. Efectivamente, el PP de Sánchez Camacho se ha vuelto el fundamental aliado de CiU en la aprobación de presupuestos, bajada de impuestos y recortes vía la famosa Ley Omnibus. Pero más aún, el propio Partido Popular gobernará en Badalona (tercera ciudad de Cataluña) en la persona del xenófobo Albiol y será fundamental para el gobierno en minoría de Trías en Barcelona y el control de esta misma diputación provincial. Por lo tanto, el PP ha conseguido el objetivo que tenía desde que perdió en 2008: dejar de ser irrelevante y marginal en esta comunidad, condición sine qua non para conseguir gobernar en España. Y esto es tan relevante no por los escaños que Cataluña aporta a la bancada popular sino porque el juego de los dobles apoyos entre CiU y PP le da a este último un apoyo seguro en en Congreso de los Diputados (Un Majestic 2. Eso del Estatut está pasado de moda). Con quedarse a unos pocos escaños de gobernar a Mariano Rajoy le espera una legislatura más bien tranquila en ese aspecto pues ya tiene un socio preferente.
Lo que por supuesto no significa que  gobernar le vaya a ser fácil a los populares. El objetivo ya nos lo han marcado desde Bruselas: reducir el déficit a todo trapo aunque eso lastre nuestro crecimiento. Para cumplir tal objetivo sólo se puede o crecer (difícil hacerlo en grado suficiente de momento) o atacar por la vía de los ingresos (con más tasas y tributos) o la de los gastos(recortando) Dado que tanto PSOE como PP han renunciado a la primera fuente (en Cataluña directamente los eliminan) es indudable que el Partido Popular va a optar por este segundo camino, con rebajas fiscales incluidas. Ya lo dijo Rajoy: “tendremos el Estado del Bienestar que podamos permitirnos” y mientras se proponen planes de austeridad que nadie cumple, ni siquiera las autonomías populares, se empieza a mencionar el copago. Más allá de privatizar televisiones autonómicas y reducir consejerías (que es una medida cosmética) se habla de reducir el gasto superfluo y la austeridad. Palabras huecas para reconocer una evidencia: no tienen ni idea de cómo salir de esta crisis (véase aquí) si no es esperando que se reactive la vivienda con la reintroducción de la deducción, una de las fuentes de la burbuja, porque es “tradicional en España”. Brillante argumento. Brillante cambio de modelo.
Así que ya tenemos dispuesto el tablero en el que vamos a jugar los próximos cuatro añosEl zombie, que está en animación suspendida desde el varapalo electoral y, en particular, tras haber claudicado voluntariamente de hacer medidas con coraje.  Ha optado por las medias tintas que a nadie contentan y poco consiguen. Le auguro un largo periodo  en la fosa. Y el enterrador, que ya ha dado buenas paladas para enterrar al cuerpo pero que, una vez haya erigido la lápida, poca más tarea tiene que sentarse y esperar que pase el siguiente. Y mientras me acuerdo de la coplilla aquella de “irán todos contritos/ en solemne procesión/ a rogar por la nación/ el día de los difuntos” mirar las páginas sepias de los periódicos es recordar el aforismo de Keynes de que en el largo plazo, todos muertos. Como para no irse a las plazas.

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